PARTE 5 Volví y oí a mi hija reír después de dos años en silencio. Bailaba con el hijo de la empleada mientras mi madre dijo: “¿Qué hace el hijo de una empleada jugando con mi nieta?”. No la despedí, investigué quién era Marta y por qué dejó la música. La encontré en un albergue, pero en su guitarra había un broche ajeno y una carta que mi madre escondió.
Mercedes respiró profundamente.
—Que si intentaba reabrir el expediente, alguien más moriría.
El despacho quedó en silencio.
Adrián sintió que una pieza encajaba.
—¿Quién?
—Nunca lo dijo.
—¿Y por qué no me contaste esto antes?
Mercedes lo miró.
—Porque Elena estaba enferma.
Adrián frunció el ceño.
—¿Qué tiene que ver Elena?
Mercedes empezó a llorar.
—Todo.
Aquella noche Adrián regresó a casa con la carpeta bajo el brazo.
Marta estaba en el salón.
Claudia hacía los deberes mientras Leo construía una pequeña maqueta de madera.
Adrián se sentó junto a Marta.
—Necesito preguntarte algo.
—Claro.
—¿Elena te habló alguna vez de Ricardo Salvatierra?
Marta dejó de mover los dedos sobre las cuerdas.
—No.
—¿Estás segura?
—Sí.
Pensó unos segundos.
—Pero hubo algo extraño.
Adrián se inclinó hacia ella.
—¿Qué?
—La última semana que fui a la clínica, Elena estaba muy nerviosa.
—¿Por qué?
—Me preguntó si yo conocía a alguien de Inversiones Valverde.
Adrián sintió un escalofrío.
—¿Qué respondiste?
—Que no.
—¿Y después?
Marta recordó.
—Me pidió que no dijera nada a nadie.
—¿Qué exactamente?
—Me dijo: «Si algún día Adrián pregunta por qué me callé, dile que no fue por miedo a morir. Fue por miedo a que él también muriera.»
Adrián dejó de respirar.
—¿Te dijo eso?
Marta asintió.
—Pensé que era consecuencia de los medicamentos.
—¿Te habló de alguien?
—No.
—¿De Ricardo?
—No.
Adrián se levantó.
—Tengo que irme.
—¿Adónde?
—A ver a mi madre.
Mercedes estaba en su antigua biblioteca.
Cuando Adrián entró, encontró sobre la mesa una caja pequeña.
—¿Qué es eso?
Mercedes la empujó hacia él.
—Lo que debí darte hace 2 años.
Adrián abrió la caja.
Dentro había una grabadora antigua.
—¿Qué es?
—Una copia de una conversación entre Elena y yo.
Adrián la miró.
—¿Por qué nunca me la diste?
—Porque Elena me pidió que esperara.
—¿Hasta cuándo?
Mercedes bajó la mirada.
—Hasta que estuvieras preparado para saberlo.
Adrián introdujo la cinta.
Una voz débil llenó la habitación.
La voz de Elena.
—Mercedes, si algo me pasa, no dejes que Adrián investigue esto.
Mercedes, más joven, respondió:
—No puedo prometerte eso.
—Entonces prométeme que no lo hará solo.
La grabación continuó.
—Ricardo no actuó solo.
Adrián sintió que el corazón le golpeaba el pecho.
—¿Quién estaba con él?
Elena tardó en contestar.
—Alguien que lleva años dentro de nuestra familia.
La cinta se cortó.
Adrián miró a su madre.
—¿Eso es todo?
—Sí.
—¿Quién era?
—Nunca lo descubrimos.
—¿Y por qué Elena tenía miedo de mí?
Mercedes negó con la cabeza.
—No tenía miedo de ti.
—Entonces, ¿de qué?
Mercedes respondió con una frase que Adrián no olvidaría.
—Tenía miedo de que descubrieras que tu padre no murió cuando tú creías.
Adrián se quedó inmóvil.
—¿Qué has dicho?
Mercedes cerró los ojos.
—Tu padre no murió en el accidente que siempre te contamos.
El silencio fue absoluto.
—Mi padre murió hace 16 años.
—Eso es lo que te dijimos.
—¿Entonces?
Mercedes empezó a llorar.
—Tu padre desapareció.
Adrián retrocedió.
—No.
—El cuerpo que identificamos nunca fue confirmado mediante ADN.
—Mamá…
—El hombre que enterramos llevaba sus documentos.
—¿Quién era?
Mercedes negó con la cabeza.
—No lo sé.
Adrián golpeó la mesa.
—¡Llevas 16 años mintiéndome!
—Sí.
—¡16 años!
—Porque tu padre estaba investigando a Ricardo.
Adrián quedó paralizado.
—¿Investigando qué?
Mercedes señaló la grabadora.
—La misma red que provocó la muerte de Julián Serrano.
Adrián comprendió entonces por qué Marta había aparecido en su vida.
Por qué Elena había acompañado a una mujer que no conocía.
Por qué Mercedes había intentado expulsarla.
Por qué Verónica había recibido órdenes.
No era solo una historia de culpa.
Había algo mucho más antiguo.
Algo que llevaba años ocultándose.
A la mañana siguiente, Samuel encontró un archivo bancario relacionado con Ricardo Salvatierra.
Había una cuenta abierta en Andorra.
Una transferencia cada 3 meses.
Durante 11 años.
El destinatario final siempre era el mismo.
M. Serrano.
Adrián se quedó mirando el nombre.
—¿Marta?
Samuel negó.
—No.
—¿Entonces?
—No lo sé.
—¿Quién es?
Samuel amplió el registro.
La cuenta había sido abierta utilizando un documento de identidad antiguo.
El nombre completo apareció en pantalla.
Miguel Valverde.
Adrián palideció.
—Mi padre.
—Exactamente.
—Pero está muerto.
Samuel lo miró.
—Eso es lo que tenemos que comprobar.
Adrián sintió que todo el suelo desaparecía bajo sus pies.
Aquella misma tarde recibió un mensaje desde un número desconocido.
Solo contenía una frase:
«Tu madre te contó una parte porque ya no podía seguir ocultándolo.»
Después llegó otro.
«Pero todavía no te ha dicho dónde está tu padre.»
Adrián levantó la mirada hacia Marta.
Ella sostenía a Claudia de la mano.
Leo estaba a su lado.
Por primera vez desde que había empezado aquella historia, Adrián comprendió que el verdadero peligro no estaba en perder una empresa.
Ni una herencia.
Ni una reputación.
El peligro era que alguien llevaba 16 años esperando que él descubriera la verdad.
Y ahora que finalmente la había encontrado, probablemente también sabía dónde vivía.