Volví a exhumar a mi esposa en Segovia y mi madre me frenó: «No preguntes por la niña. Ya está solucionado». Su alianza no estaba en el féretro y meses después la vi en el cuello de otra mujer. No lloré, pedí el expediente y descubrí que mi hija había nacido viva. Pero en la carpeta faltaba su certificado de defunción y había una firma falsa con mi nombre.
La correa del féretro de mi mujer se rompió en el cementerio y la tapa se abrió. Todos lloraban por enterrarla rápido mientras sus dedos se movían dentro de la caja. Mi cuñada me susurró: “Cuanto antes terminemos, menos sufrirá tu hija”. No cerré la caja, llamé a una ambulancia y entonces vi la memoria USB que mi mujer había escondido.
Llevé a mi recién nacida a conocer al abuelo que me crió y la manta se movió mostrando sus ojos diferentes. Él sonreía con la cuna y tembló al ver ese rasgo de 30 años. Un hombre en la puerta dijo: “Si nace otro Salvatierra con el rasgo de Héctor, sabremos exactamente dónde buscar”. No lloré, abrí la caja de mi madre con las cuatro cintas de su accidente.
Volví rico tras 17 años y encontré a mis padres comiendo lentejas junto al pesebre, mientras mi tía ocupaba su casa con todoterreno. Me soltó: “Qué fácil es llegar rico después de 17 años y preguntar qué ha pasado”. No grité; llevé las cartas al juzgado y puse el audio en la plaza. Entonces supe que mi décimo premiado nació de vender a Estrella, nuestra vaca.
Volví de Barcelona a las 23:00 y mi llave ya no abría mi casa de siete años. Mi marido estaba dentro con su amante embarazada y su madre me dijo: “Mi hijo ya ha elegido a una mujer que sí puede darle un heredero”. No grité, recogí mi maleta, revoqué coche, tarjetas y casa, y recordé que él llevaba cinco años ocultando que era estéril.
Volví y oí a mi hija reír después de dos años en silencio. Bailaba con el hijo de la empleada mientras mi madre dijo: “¿Qué hace el hijo de una empleada jugando con mi nieta?”. No la despedí, investigué quién era Marta y por qué dejó la música. La encontré en un albergue, pero en su guitarra había un broche ajeno y una carta que mi madre escondió.
Me llamaron del supermercado porque mi hijo de 8 años llevaba 6 horas solo. Yo enterraba a mi madre en Córdoba mientras mi marido estaba en Benidorm con sus hijos de verdad. Me dijo: “Ellos son mis hijos”. No grité, fotografié la nota “NO MOLESTAR A MAMÁ” y llamé a mi abogada, luego encontré en el cajón la reserva cancelada de mi hijo.