PARTE 5 Volví a exhumar a mi esposa en Segovia y mi madre me frenó: «No preguntes por la niña. Ya está solucionado». Su alianza no estaba en el féretro y meses después la vi en el cuello de otra mujer. No lloré, pedí el expediente y descubrí que mi hija había nacido viva. Pero en la carpeta faltaba su certificado de defunción y había una firma falsa con mi nombre.
Daniel comprendió.
Mientras Irene apareciera como su esposa y Alba como su hija, el plan patrimonial no podía ejecutarse.
Mercedes necesitaba borrar ambas cosas.
El matrimonio.
La hija.
La verdad.
Durante años, Daniel había pensado que la alianza era un recuerdo romántico.
Ahora entendía que también había sido una prueba.
Una prueba que alguien había intentado destruir.
La detención de Rafael ocurrió una madrugada.
Enrique cooperó parcialmente con la investigación.
Mercedes fue citada nuevamente.
Esta vez Daniel no fue con ella.
No quería escuchar otra explicación.
No necesitaba otra justificación.
Pero antes de entrar en el juzgado, Mercedes pidió hablar con él.
—Solo 5 minutos.
Daniel aceptó.
Se encontraron en una sala pequeña.
Mercedes parecía mucho más vieja.
—¿Sabes qué es lo peor? —preguntó ella.
Daniel permaneció en silencio.
—Que pensé que estaba haciendo lo correcto.
—No.
—Sí.
—No vuelvas a decir eso.
Mercedes bajó la mirada.
—Tu padre confiaba demasiado en ti.
—Y tú demasiado poco.
—Pensaba que Irene iba a quedarse con todo.
—No se quedó con nada.
—Eso no lo sabíamos.
Daniel la miró fijamente.
—Tampoco sabías que Alba moriría.
Mercedes cerró los ojos.
—Cuando nació, la vi.
Daniel sintió que el aire desaparecía.
—¿Qué?
—La vi.
—¿Viste a mi hija?
—Sí.
—¿En el hospital?
Mercedes asintió.
—Era muy pequeña.
—¿Y la dejaste allí?
—No podía permitir que la situación siguiera.
Daniel dio un paso atrás.
—No tenías derecho.
—Lo sé.
—No.
Su voz se quebró.
—No lo sabes.
Mercedes comenzó a llorar.
—La sostuve una vez.
Daniel no respondió.
—Tenía los ojos cerrados —continuó Mercedes—. Y pensé que si te la entregaba, perdería todo.
—¿Qué significa «todo»?
—La empresa.
Daniel negó lentamente.
—No.
—¿Qué?
—Tú no tenías miedo de perder la empresa.
Mercedes lo miró.
—Tenías miedo de perder el poder.
Ella no respondió.
Daniel salió de la sala.
Afuera estaba Elena.
—¿Estás bien?
Daniel miró hacia la puerta.
—No.
Después miró su teléfono.
Tenía un mensaje de Alba.
Begoña le había enviado una fotografía.
La niña estaba dibujando con lápices de colores.
Había dibujado 3 personas.
Una mujer.
Un hombre con uniforme.
Y una niña entre ambos.
Debajo había escrito con letras torcidas:
«Mi familia.»
Daniel guardó el teléfono.
Por primera vez desde que comenzó todo, no sintió rabia.
Sintió algo diferente.
Responsabilidad.
Había perdido 3 años.
No podía recuperarlos.
Pero podía impedir que alguien volviera a decidir por Alba.
Podía enseñarle quién había sido Irene.
Podía contarle la verdad cuando tuviera edad para entenderla.
Y podía cumplir aquella promesa grabada en una alianza.
«Si tardas, vuelve igual.»
Aquella frase ya no hablaba solamente de Daniel regresando de una misión.
Hablaba de una familia que había tardado 3 años en regresar a la verdad.
Y esta vez nadie iba a impedirles llegar.