PARTE 2 Volví a exhumar a mi esposa en Segovia y mi madre me frenó: «No preguntes por la niña. Ya está solucionado». Su alianza no estaba en el féretro y meses después la vi en el cuello de otra mujer. No lloré, pedí el expediente y descubrí que mi hija había nacido viva. Pero en la carpeta faltaba su certificado de defunción y había una firma falsa con mi nombre.
Irene nunca fue la nuera que Mercedes quería. Era hija de una costurera y profesora en la enseñanza pública. Claudia, en cambio, pertenecía al círculo social de los Robles y su familia hacía negocios con los hermanos de Mercedes.
Durante las ausencias de Daniel, Mercedes controlaba las llamadas de Irene y la hacía sentirse una invitada en su propia casa. Cuando descubrió el embarazo, interceptó sus mensajes y envió otros desde su móvil:
«Necesito distancia».
Daniel creyó que su matrimonio se rompía.
Semanas después ocurrió el accidente. Mercedes le aseguró que Irene había fallecido sin dejar ningún bebé con vida.
Ahora Daniel fue a ver a Claudia. Ella admitió que Mercedes le regaló la alianza tras el funeral.
—¿Y cuando viste el grabado?
Claudia bajó la mirada.
—Sospeché, pero no quise enfrentarme a ella.
Le mostró mensajes antiguos. Uno decía:
«No preguntes por la niña. Ya está solucionado».
Daniel localizó después a Julián, el empleado funerario.
—Su madre me pagó 800 euros para quitarle el anillo antes de cerrar el féretro.
—¿Declarará eso?
—Sí.
Julián tragó saliva.
—Pero hay algo peor. Ese día su madre vino con un hombre del hospital. Traía una carpeta con el nombre de Irene.
Daniel entendió entonces que ya no buscaba una joya robada.
Buscaba a una niña que quizá llevaba 3 años creciendo bajo una mentira.