PARTE 1 Mi marido metió a una indigente que olía a calle en nuestro salón de Pozuelo y me ordenó bañarla yo misma con guantes por asco. Me espetó: “Quiero que la bañes tú. Y no llames a nadie del servicio. Hazlo tú misma”. No discutí, la metí en la bañera y vi en su hombro la media luna idéntica a la de mi madre muerta hace 20 años.

Chapter 1 / 5

—Quiero que la bañes tú. Y no llames a Carmen ni a nadie del servicio. Hazlo tú misma.

Beatriz miró a su marido como si acabara de volverse loco.

Alejandro Ferrer dirigía una de las constructoras familiares más conocidas de Madrid. Llevaban 14 años casados, vivían en un chalet de Pozuelo de Alarcón y tenían una vida tan cómoda que Beatriz había terminado creyendo que casi cualquier problema podía resolverse pagando a alguien.

Por eso no entendía la obsesión reciente de Alejandro con colaborar personalmente en un comedor social cerca de Atocha.

—Puedes donar dinero —le había dicho más de una vez—. No hace falta escuchar durante horas los problemas de desconocidos.

Alejandro nunca discutía.

—A veces alguien necesita que lo miren como persona antes de necesitar dinero.

Aquella tarde Beatriz regresó de una comida y encontró a una anciana sentada en su salón.

Tenía el pelo enredado, una chaqueta vieja demasiado grande y unos zapatos desgastados. Olía a humedad, tabaco ajeno y muchos días sin una ducha adecuada.

Beatriz se llevó una mano a la nariz casi sin darse cuenta.

—¿Quién es?

La anciana bajó los ojos.

Alejandro se levantó.

—En el comedor la llaman Luz.

—¿La llaman?

—No recuerda su verdadero nombre.

Según explicó, llevaba casi 20 años pasando por pensiones, albergues, estaciones y trabajos temporales. Lo último que recordaba de su antigua vida era despertar herida en una pequeña clínica de carretera sin documentación y sin saber quién era.

Alejandro quería ayudarla a recuperar su identidad.

Mientras tanto, permanecería allí.

—¿En nuestra casa?

La anciana se levantó inmediatamente.

—No quiero causar problemas. Puedo marcharme.

Alejandro negó.

Después miró a su mujer.

—Prepara el baño.

—¿Yo? Tenemos gente para eso.

La expresión de Alejandro se endureció.

—Precisamente por eso. Siempre dices que quien está en la calle debería esforzarse más, pero ni siquiera puedes acercarte a una mujer que necesita ayuda.

Beatriz subió indignada.

En el baño se puso unos guantes de limpieza.

—Deje la ropa en esa bolsa.

Luz obedeció en silencio.

—Puedo hacerlo sola.

—Será más rápido así.

Beatriz tardaría mucho tiempo en perdonarse aquel tono.

Cuando empezó a limpiar la espalda de la anciana, el agua se volvió gris. Pasó la esponja por el hombro derecho.

Y se quedó inmóvil.

Bajo la suciedad apareció una pequeña marca de nacimiento.

Tenía forma de media luna.

La esponja cayó al suelo.

Beatriz respiró con dificultad.

Corrió hasta su dormitorio, abrió un cajón y sacó un medallón de plata que llevaba guardando desde niña.

Dentro había una fotografía antigua.

Una mujer joven sostenía a una niña de 9 años.

Beatriz era aquella niña.

Regresó al baño con las manos temblando.

—Míreme.

Luz obedeció, desconcertada.

Beatriz limpió con cuidado su rostro. Había arrugas, cicatrices y 2 décadas de cansancio.

Pero aquellos ojos…

Eran los mismos.

—Mi madre tenía esa marca exactamente ahí.

Luz observó la fotografía.

Después se miró en el espejo.

Beatriz sintió que las piernas dejaban de sostenerla.

Durante 20 años le habían dicho que su madre había desaparecido para siempre después del incendio de su antigua casa.

Ahora la tenía delante.

—Su nombre no es Luz.

La anciana apretó el medallón.

—Entonces… ¿quién soy?

Beatriz apenas pudo pronunciarlo.

—Carmen. Carmen Lozano.

La mujer la miró sin comprender.

—¿Y usted?

Beatriz rompió a llorar.

—Su hija.

Pero Carmen no la abrazó.

No dijo su nombre.

Solo susurró:

—Perdóneme… pero no recuerdo haber tenido una hija.

Y Beatriz todavía ignoraba que recuperar aquella memoria también iba a revelar la verdad sobre el día en que su padre perdió la vida.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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