PARTE 1 Estaba dando de comer con cuchara a mi ex suegra enferma cuando mi exmarido volvió después de 9 años en su Mercedes negro. Él con traje caro, yo con blusa sencilla y manos agrietadas por vender mi moto para sus médicos. Me miró y soltó: “¿Cuánto quieres?”. No lloré, me fui en bici y esa noche encontró el cuaderno marrón con sus 2.000 euros intactos.

Chapter 1 / 5

Cuando Alejandro Valdés regresó a su pueblo después de 9 años y encontró a su exmujer dando de comer con una cuchara a su madre enferma, su primera reacción no fue agradecerle nada.

Fue acusarla de estar allí por su dinero.

El Mercedes negro se había detenido frente a una casa antigua de piedra y cal en un pequeño pueblo de la provincia de Jaén. Alejandro bajó con un traje que costaba más de lo que muchas familias del lugar ganaban en 1 mes.

A los 43 años era propietario de una importante empresa de construcción con oficinas en Madrid, Málaga y Valencia. Había salido de aquel pueblo prometiéndose no volver a ser pobre.

Y prácticamente había cumplido su promesa.

Dentro de la casa estaba Carmen Valdés, su madre, de 78 años.

Junto a su cama se encontraba Lucía Romero.

La mujer con la que Alejandro había estado casado durante 6 años.

La mujer de la que se había divorciado porque, según él, «no quería avanzar en la vida».

Lucía llevaba una blusa sencilla, el pelo recogido y las manos endurecidas por años trabajando en una cooperativa agrícola. Sostenía un cuenco de caldo caliente y soplaba cada cucharada antes de acercarla a los labios de Carmen. Era una rutina aprendida después de muchas noches difíciles.

Alejandro se quedó mirando la escena.

—¿Qué haces aquí?

Lucía se giró.

La sorpresa duró apenas unos segundos.

—Tu madre lleva varios días más débil.

—Eso no responde a mi pregunta.

Carmen intentó incorporarse.

—Alejandro, no empieces.

Él recorrió la habitación con la mirada. Las paredes necesitaban pintura. Un armario tenía una puerta rota y la calefacción era antigua.

Sintió rabia.

—Te envío 2.000 euros todos los meses, mamá. ¿Por qué vives así?

Carmen apartó los ojos.

—Tengo lo suficiente.

—Podrías contratar a una enfermera.

—Una enfermera termina su turno y se marcha.

Después miró a Lucía.

—Ella nunca mira el reloj.

Aquella frase le dolió más de lo que Alejandro quiso admitir.

Siguió a Lucía hasta el patio.

—¿Cuánto quieres?

Ella se detuvo.

—¿Perdona?

—No necesito juegos. Si estás cuidando a mi madre esperando sacar algo de esto, dime cuánto.

Lucía palideció.

—No quiero nada de ti.

—Hace 9 años tampoco querías nada. Ni crecer, ni salir de aquí, ni construir una vida mejor.

Lucía lo miró directamente.

—Tú querías una vida más cara, Alejandro. No necesariamente una vida mejor.

Él apretó la mandíbula.

—Desde hoy no vuelvas. Contrataré a profesionales.

Lucía recogió la bolsa con sus cosas.

Antes de irse se acercó a Carmen.

—La pastilla blanca después del desayuno. La azul después de comer. Si vuelve la tos fuerte, llámame.

Alejandro soltó una risa amarga.

—Mi madre ya tiene un hijo.

Lucía lo miró durante unos segundos.

—Precisamente ese ha sido el problema.

Se marchó empujando una bicicleta vieja por la calle empinada.

Alejandro permaneció inmóvil.

Esa misma tarde salió buscando una cuidadora profesional.

En la farmacia, una vecina llamada Pilar lo reconoció.

Cuando Alejandro comentó con orgullo que por fin alguien cualificado cuidaría de Carmen, la mujer dejó de sonreír.

—¿De verdad no sabes quién ha pagado durante estos años los médicos de tu madre?

Alejandro frunció el ceño.

—Yo.

Pilar negó lentamente.

—No, hijo.

Y entonces pronunció una frase que empezó a destruir todo lo que Alejandro creía saber sobre su propia familia.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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