PARTE 5 La correa del féretro de mi mujer se rompió en el cementerio y la tapa se abrió. Todos lloraban por enterrarla rápido mientras sus dedos se movían dentro de la caja. Mi cuñada me susurró: “Cuanto antes terminemos, menos sufrirá tu hija”. No cerré la caja, llamé a una ambulancia y entonces vi la memoria USB que mi mujer había escondido.
Álvaro se quedó en silencio.
—¿Estás diciendo que pudieron saber que corría riesgo de morir?
Sergio no respondió inmediatamente.
—Estoy diciendo que debemos averiguar quién tuvo acceso a ese informe.
La lista era corta.
Julián Ferrer.
Una enfermera.
El sistema administrativo de la clínica.
Y una cuarta persona.
Beatriz.
Había solicitado personalmente una copia del historial médico de Lucía 8 días antes de la sedación.
Álvaro sintió un escalofrío.
—¿Por qué?
—La petición aparece registrada como “gestión de seguro empresarial”.
Lucía negó.
—Nunca autoricé eso.
—Tampoco aparece ninguna póliza que lo justifique.
Aquella noche Álvaro no durmió.
A las 03:17 recibió un correo anónimo.
Solo contenía una frase:
«Beatriz no planeó que Lucía sobreviviera.»
Álvaro despertó a Lucía.
—Tenemos que hablar.
Ella leyó el mensaje.
No se sorprendió.
—Eso ya lo sabía.
—¿Cómo?
Lucía señaló el teléfono.
—Porque hay algo que nunca te conté.
Álvaro se sentó.
—¿Qué?
—Cuando desperté en el hospital, antes de que llegara Consuelo, una enfermera me dijo algo.
—¿Qué?
—Me preguntó si yo era la mujer que había tenido “el segundo episodio”.
Álvaro frunció el ceño.
—¿Segundo?
—Sí.
—¿Tú habías tenido otro?
—No.
La investigación volvió al hospital.
La enfermera que había hablado con Lucía ya no trabajaba allí.
Se llamaba Nuria Campos.
Vivía en Sagunto.
Cuando Sergio consiguió localizarla, aceptó reunirse.
Nuria llegó con una carpeta.
—No quería hablar durante la investigación inicial.
—¿Por qué? —preguntó Lucía.
—Porque recibí una llamada.
—¿De quién?
Nuria abrió la carpeta.
Dentro había una fotografía.
Era la hoja de ingreso de Lucía.
—La noche en que llegó, alguien había enviado instrucciones para tratarla como paciente terminal.
Álvaro sintió que la sangre se le helaba.
—¿Quién?
—No había nombre.
—¿Y qué decía?
Nuria sacó una copia.
«No realizar maniobras invasivas salvo confirmación expresa.»
Lucía la miró.
—¿Eso significa que no debían intentar salvarme?
—Exactamente.
El silencio fue absoluto.
—¿Quién escribió eso? —preguntó Álvaro.
Nuria negó.
—No lo sé.
Pero había guardado una fotografía de la pantalla.
En la esquina aparecía el usuario que había introducido la orden.
«JFERRER_ADMIN».
Julián.
El médico había preparado la clínica para recibir a Lucía como si ya estuviera muerta.
No era un error.
Era una