PARTE 4 La correa del féretro de mi mujer se rompió en el cementerio y la tapa se abrió. Todos lloraban por enterrarla rápido mientras sus dedos se movían dentro de la caja. Mi cuñada me susurró: “Cuanto antes terminemos, menos sufrirá tu hija”. No cerré la caja, llamé a una ambulancia y entonces vi la memoria USB que mi mujer había escondido.
Durante casi 2 años, Lucía intentó no pensar en la noche del té.
No quería recordar la taza.
Ni la cocina.
Ni la sensación de quedarse sin fuerzas mientras Beatriz permanecía de pie frente a ella.
Mucho menos quería recordar el momento en que abrió los ojos y descubrió que había estado a centímetros de ser enterrada.
Pero había una pregunta que seguía regresando.
¿Por qué?
Si el objetivo era robar documentos, ¿por qué necesitaban que un médico certificara su muerte?
Podían haberla sedado.
Podían haberle robado el ordenador.
Podían haberla amenazado.
Pero alguien había tomado una decisión mucho más peligrosa.
Hacer creer a todos que Lucía estaba muerta.
Una tarde, mientras revisaba antiguos informes médicos con Sergio Beltrán, su abogado, encontró algo extraño.
—Sergio.
—¿Sí?
Lucía señaló una fecha.
—Esto no corresponde.
El abogado se acercó.
Era el informe de una revisión realizada 3 semanas antes de la noche del té.
En la parte inferior aparecía una firma.
La de Julián Ferrer.
Lucía recordó aquella consulta.
Había acudido a la clínica porque llevaba varios días con mareos y episodios de visión borrosa.
Julián le había dicho que probablemente se trataba de estrés.
Pero ahora había una anotación que nunca había visto:
«Paciente presenta episodios compatibles con alteraciones del ritmo cardíaco. Recomendar seguimiento.»
Lucía frunció el ceño.
—Nunca me dijeron esto.
Sergio levantó la mirada.
—¿Estás segura?
—Completamente.
—Entonces alguien modificó el informe.
La investigación volvió a abrir una puerta que parecía cerrada.
Los peritos recuperaron una versión anterior del documento desde una copia de seguridad.
La primera versión tenía otra conclusión.
«Se recomienda estudio cardiológico urgente y monitorización.»
La segunda versión, la que Lucía había recibido, decía simplemente:
«Probable cuadro de ansiedad.»
Álvaro recibió la noticia aquella misma noche.
—¿Qué significa?
Sergio respondió:
—Que alguien conocía el estado de salud de Lucía antes de la noche del té.
—¿Y qué importancia tiene?
—Mucha.
Lucía intervino.
—Porque si alguien sabía que tenía un problema cardíaco, una dosis sedante podía resultar mucho más peligrosa.