PARTE 5 Abrí con una llave copiada el piso de mi hijo en Ruzafa para pillar a mi nuera. En su cama estaba mi marido de 36 años con otra mujer con la camisa que yo le regalé. Dijo: “A su edad no sabrá defenderse.” No grité, dejé la grabadora sobre la cómoda y al salir encontré los poderes que firmé sin gafas mientras hacía la paella.

Chapter 5 / 5

Esa noche fueron al archivo municipal.

Con ayuda de una funcionaria, localizaron el expediente original.

La persona encontrada detrás de la imprenta era Federico Ferrer.

Había sufrido una agresión.

Sobrevivió 6 días.

Murió el 20 de septiembre.

Pero antes de morir dejó una declaración.

Adela leyó cada palabra.

“Mateo sabe quién lo hizo.”

La silla pareció desaparecer bajo ella.

—Mi padre lo sabía.

Sergio se quedó pálido.

—Y papá también.

El expediente contenía una segunda declaración.

Pero había sido retirada del archivo.

Solo quedaba una referencia:

“Se entrega documentación al familiar directo.”

Adela entendió inmediatamente.

Mateo había recibido las pruebas.

Y nunca se las entregó.

Al salir del archivo, encontraron un hombre esperándolos.

Tenía unos 60 años y sostenía un sobre.

—Adela Ferrer.

Ella se detuvo.

—¿Quién es usted?

—Ramón Vidal.

Le entregó el sobre.

—Trabajé para su padre.

—¿Por qué ha esperado tantos años?

—Porque Mateo me amenazó.

Adela abrió el sobre.

Dentro había una grabación antigua.

Ramón señaló una pequeña nota.

“Escúchela sola.”

Adela no quería hacerlo.

Pero lo hizo.

La voz de su padre apareció entre interferencias.

—Si alguien escucha esto, significa que ya no puedo proteger la imprenta.

Adela empezó a llorar.

—Mateo no robó la empresa —continuó Federico—. La está entregando poco a poco a alguien que quiere quedarse con el edificio.

Sergio cerró los ojos.

La voz siguió.

—No confíes en el hombre que viene con él.

Después una segunda voz apareció.

La de Mateo.

—Si firma ahora, nadie saldrá perjudicado.

Federico respondió:

—No voy a firmar.

Se escuchó un golpe.

Después silencio.

La grabación terminó.

Adela dejó el teléfono sobre la mesa.

—Entonces la venta no empezó hace 3 meses.

Sergio negó lentamente.

—Empezó hace 28 años.

Ramón asintió.

—Mateo llevaba años preparando la operación.

—¿Quién era el hombre que estaba con él?

Ramón miró a Adela.

—El padre de Celia.

La revelación cayó como una piedra.

Celia no había aparecido por casualidad.

Su relación con Mateo tampoco había comenzado 1 año antes.

Su familia llevaba décadas intentando entrar en la imprenta.

Querían el edificio.

Y habían esperado hasta que Adela estuviera suficientemente cansada para intentar quitárselo.

Sergio se levantó.

—Tenemos que encontrar a mi padre.

Adela negó con la cabeza.

—No.

—Mamá…

—Ya cometí ese error una vez. No voy a enfrentarme a él sin entender qué tenemos.

Ramón sonrió.

—Ahora sí se parece a su padre.

Adela guardó la grabación.

—Entonces vamos a terminar lo que él empezó.

Y por primera vez, no lo haría sola.

Esta vez tenía a su hijo.

A Nuria.

A los trabajadores.

Y una prueba que llevaba 28 años esperando ser escuchada.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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