PARTE 5 Volví al pueblo después de 13 años a por mis padres y los hallé tras un candado por fuera, sobre un colchón fino, mientras mi hermana vivía en la casa nueva que pagué. Mi cuñado me soltó: ‘Mandar dinero no te convierte en buen hijo’. No grité, rompí el candado, grabé todo y denuncié. Entonces mi madre me confesó que mi hermana firmó para quitarles la casa.
Adrián no respondió.
Porque aquel hombre era el notario que había certificado el poder utilizado para quitarle la casa a sus padres.
Y debajo de la fotografía había una fecha.
3 días antes de que Julián firmara.
Elena comprendió al mismo tiempo.
—No puede ser.
Adrián apretó la fotografía entre los dedos.
—Ahora sí sabemos por qué Ramiro estaba tan tranquilo.
—¿Por qué?
—Porque nunca actuó solo.
Entonces sonó un teléfono dentro de la habitación.
No era el suyo.
No era el de Elena.
Era un teléfono antiguo escondido en el último cajón.
Adrián lo sacó lentamente.
La pantalla mostraba un número desconocido.
Contestó.
—¿Quién habla?
Una voz masculina respondió.
—Has tardado mucho en descubrirlo.
Adrián se quedó helado.
—¿Gabriel?
—No.
—¿Entonces quién?
La voz soltó una breve risa.
—Soy el hombre que lleva 13 años pagando para que tu familia siga exactamente donde estaba.
Adrián miró a Elena.
—¿Qué quieres?
—La misma cosa que quería Ramiro.
—¿Las tierras?
—No.
Hubo una pausa.
—Ahora quiero tu empresa.
La llamada terminó.
Adrián permaneció con el teléfono en la mano.
Por primera vez comprendió que el dinero que había enviado para salvar a sus padres no solo había sido utilizado para controlarlos.
También había servido para estudiar cada paso de su propia vida.
Y mientras él creía estar construyendo un futuro en Madrid, alguien llevaba 13 años preparando la manera de arrebatárselo.
Adrián miró a Elena.
—Llama a nuestros padres.
—¿Qué les digo?
—Que cierren todas las puertas.
—¿Crees que van a venir por ellos?
Adrián guardó el teléfono.
—No.
Miró de nuevo la fotografía.
—Creo que esta vez vienen por mí.