PARTE 2 Desperté dentro de mi propio féretro en mi velatorio y escuché a mi marido y a mi hermana repartirse mis cosas. Ella llevaba el collar de mi abuela en el cuello mientras él brindaba por el seguro. Dijo: “Cuando cobremos el seguro nos marchamos.” No grité, abrí los ojos y parpadeé a mi sobrino de 7 años y vi el poder falso para vender mi edificio sobre la mesa.
Sergio reaccionó primero.
—Álex, estás confundido. Tu tía ya no está con nosotros.
—Me ha parpadeado.
Mercedes corrió hacia el féretro.
Sergio intentó detenerla.
—Está muy alterada, Mercedes.
—Apártate.
Lucía reunió fuerzas.
De su garganta salió un sonido débil.
Mercedes palideció.
—¡Está viva!
El salón estalló en gritos.
Mientras una tía llamaba al 112, Lucía levantó una mano temblorosa y señaló a Natalia.
El collar de su abuela brillaba sobre el vestido negro.
—Mío… —consiguió decir.
Natalia se llevó las manos al cuello.
—Sergio dijo que querías que me lo quedara.
Mercedes se lo arrancó casi de las manos.
En el hospital detectaron una concentración peligrosa de un sedante que Lucía nunca había tenido prescrito.
Cuando pudo hablar con claridad, contó a la Policía lo ocurrido: la transferencia de 64.000 euros, la leche, el seguro y la conversación junto al féretro.
También explicó que poseía un edificio comercial heredado de una tía.
Horas después Natalia fue localizada en la estación de Atocha.
Llevaba 2 billetes de tren, el collar y copias de las escrituras.
Sergio había desaparecido.
A la mañana siguiente, un inspector entró en la habitación de Lucía.
—Hemos encontrado a su marido.
Colocó un documento delante de ella.
Era un poder para vender el edificio.
Llevaba su nombre.
Y una firma casi perfecta.
Solo había un problema.
Lucía jamás lo había firmado.