PARTE 1 Desperté dentro de mi propio féretro en mi velatorio y escuché a mi marido y a mi hermana repartirse mis cosas. Ella llevaba el collar de mi abuela en el cuello mientras él brindaba por el seguro. Dijo: “Cuando cobremos el seguro nos marchamos.” No grité, abrí los ojos y parpadeé a mi sobrino de 7 años y vi el poder falso para vender mi edificio sobre la mesa.

Chapter 1 / 4

—Ni siquiera la hemos despedido y ya estás poniendo sus joyas en el cuello de su hermana.

La voz temblorosa de Mercedes fue lo primero que oyó Lucía Ferrer cuando recuperó la conciencia dentro de su propio féretro.

No abrió los ojos.

Olía a lirios, café recalentado e incienso. Tenía la boca seca, los músculos rígidos y una presión insoportable detrás de la frente. Intentó mover una mano. Solo consiguió que un dedo temblara.

Entonces reconoció el reloj antiguo del salón.

Estaba en casa de su madre, en Alcalá de Henares.

Y aquello era su propio velatorio.

El último recuerdo claro pertenecía a la noche anterior. Había discutido con su marido, Sergio Molina, después de descubrir una transferencia de 64.000 euros desde una cuenta compartida hacia una sociedad desconocida.

—Es una operación de inversión —había dicho él.

—Entonces enséñame los contratos.

Sergio se enfadó.

Poco después llegó Natalia, la hermana menor de Lucía, con una taza de leche caliente con canela.

—Tienes una cara horrible. Bebe esto y duerme.

Lucía tomó apenas media taza.

A los pocos minutos sintió las piernas pesadas.

Después, nada.

Hasta aquel momento.

—Lucía adoraba este collar —decía Mercedes cerca del féretro—. Era de su abuela.

Sergio respondió:

—Por eso debería quedárselo Natalia. Lucía habría querido que siguiera en la familia.

Lucía sintió una punzada de rabia.

Nunca había dicho semejante cosa.

A través de una pequeña abertura vio a Sergio sosteniendo la cadena de oro. Natalia inclinó la cabeza y él se la colocó.

Su propia hermana llevaba su collar durante su velatorio.

—¿Y si mamá pregunta después? —susurró Natalia.

—Tendrá otras cosas en las que pensar.

Hubo un breve silencio.

Entonces Sergio añadió:

—Cuando cobremos el seguro nos marchamos.

Lucía sintió que el corazón comenzaba a golpearle el pecho.

—¿Cuánto tardarán?

—La póliza supera los 700.000 euros. Con toda la documentación cerrada, no demasiado.

Natalia bajó todavía más la voz.

—Anoche pensé que notaría el sabor.

Lucía dejó de respirar durante un instante.

—Con la canela era difícil —respondió Sergio.

—Dijiste que solo dormiría muchas horas.

—Hiciste exactamente lo que te expliqué.

Lucía quiso incorporarse.

Su cuerpo no respondió.

—¿Y si despierta?

Sergio soltó una risa seca.

—Mírala. Toda la familia cree que ya no está.

Desde otra habitación alguien preguntó a qué hora llegaría el coche funerario.

—A las 17:30 —respondieron.

Lucía comprendió que tenía apenas unas horas.

Entonces escuchó unos pasos pequeños.

Álex, el hijo de Natalia, se acercó al féretro con una galleta en la mano. Tenía 7 años.

El niño miró por la abertura.

Lucía reunió toda su fuerza y abrió los ojos.

Álex se quedó inmóvil.

Ella parpadeó.

1 vez.

Después otra.

La galleta cayó al suelo.

—Mamá…

Natalia se giró.

—¿Qué pasa?

El niño levantó un dedo tembloroso.

—La tía Lucía me está mirando.

El vaso que Natalia sostenía cayó al suelo.

Y mientras todos se volvían hacia el féretro, Lucía vio algo que jamás olvidaría:

Sergio no parecía sorprendido.

Parecía aterrorizado.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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