PARTE 2 Volví rico tras 17 años y encontré a mis padres comiendo lentejas junto al pesebre, mientras mi tía ocupaba su casa con todoterreno. Me soltó: “Qué fácil es llegar rico después de 17 años y preguntar qué ha pasado”. No grité; llevé las cartas al juzgado y puse el audio en la plaza. Entonces supe que mi décimo premiado nació de vender a Estrella, nuestra vaca.
Pilar sufrió un mareo y Adrián la llevó al pequeño consultorio del pueblo. Allí, la médica Elena Robles pronunció una frase que cambió todo.
—Su madre intentó escribirle muchas veces.
Sacó de un cajón un sobre amarillento con el nombre de Adrián.
—Mercedes recogía las cartas diciendo que usted no quería que lo molestaran.
Pilar empezó a llorar.
—Yo solo quería saber si comías bien.
Adrián abrió la carta. Pilar hablaba de falta de medicinas, del traslado al establo y de algo que él no entendió al principio:
«Tu padre y yo nunca lamentamos lo del décimo. Lo hicimos para que tuvieras una oportunidad».
Esa noche, en una pensión, Adrián sacó de su cartera el viejo décimo premiado que conservaba plastificado desde hacía 17 años.
Ramón se quedó blanco.
—¿De dónde salió realmente? —preguntó Adrián.
Su padre tardó en responder.
—Vendí a Estrella.
Adrián recordó inmediatamente a la vaca que había alimentado a la familia durante años.
Ramón había vendido el animal, comprado comida y, con lo que sobró, varios décimos. Pilar eligió 1, escribió una carta y pidió a Mercedes que lo enviara a Madrid.
El décimo llegó.
La carta no.
Y al amanecer, Anselmo encontró en un viejo libro de compraventas una anotación que hizo temblar a Adrián:
«Sobre recibido para envío: Mercedes Morales».
Junto a la firma había otra nota:
«Incluye carta de la madre».