PARTE 2 Le dio una invitación de boda que le sobraba a un desconocido en el aeropuerto, y él realmente apareció.

Chapter 2 / 5

A la mañana siguiente, Carolina intentó evitar a Arturo. Él la encontró reorganizando tarjetas sobre una mesa.

—Llevas media hora huyendo de mí.

—Estoy trabajando.

—Cambiaste 3 tarjetas cuando me viste acercarme. Una tenía mi nombre.

—Esa era la que estaba más equivocada.

Arturo la observó hasta comprender.

—Esto es por la llamada de anoche.

—¿Clara sabe que viniste?

Él parpadeó y después soltó una risa.

—No es gracioso —dijo Carolina.

—Perdón. Clara es mi exnovia.

El alivio de Carolina llegó demasiado rápido.

—¿Exnovia?

—Ex prometida.

Arturo le contó que habían cancelado su boda 18 meses antes. El salón estaba apartado, las invitaciones impresas y sus familias habían pagado varios anticipos. Sin embargo, 2 meses antes de la ceremonia, Clara le hizo una pregunta:

—¿De verdad queremos casarnos o solo nos avergüenza cancelar?

Ninguno pudo responder.

Arturo fue quien detuvo los preparativos. Desde entonces, su familia lo consideraba “el hombre que siempre se marcha cuando las cosas se vuelven serias”.

—Clara llamó porque va a casarse con otra persona —explicó.

—¿Te duele?

—Me preocupa no saber por qué no me duele.

Carolina comprendió que Arturo no era un hombre insensible. Era alguien que llevaba 18 meses desconfiando de sus propias decisiones.

La boda comenzó aquella tarde. Lucía lloró antes de llegar al altar y Joaquín, su padre, lloró incluso antes que ella. Arturo apareció en una fotografía familiar porque Lucía lo empujó hasta la última fila.

Durante la recepción, su nombre apareció misteriosamente junto al de Carolina.

—Mi hermana no conoce la discreción —dijo ella.

—En tu familia, la discreción parece estar prohibida por la Constitución.

Más tarde, Arturo fue arrastrado a la pista y demostró que bailaba terriblemente. Carolina rio hasta que le dolió el estómago.

Por unas horas, él dejó de parecer un misterio. Solo era un hombre que había llegado al lugar equivocado y, de alguna forma, encajaba allí.

Entonces Elena escuchó a Carolina hablar por teléfono con una agencia de diseño de San Luis Potosí. Le ofrecían un empleo fijo, buen salario y estabilidad.

—Deberías aceptarlo —dijo su madre.

—Todavía no decido.

—Tu hermana ya formó una familia. Tú sigues tratando tu vida como si fuera una sala de espera.

Las palabras la lastimaron más de lo que Elena imaginaba.

Arturo había escuchado.

—¿Quieres ese empleo o solo crees que aceptarlo demostraría que estás avanzando? —preguntó más tarde.

—No lo sé.

—Entonces no permitas que el miedo de tu madre decida por ti.

Al terminar la fiesta, caminaron detrás del granero.

—¿Por qué viniste? —preguntó Carolina por última vez.

Arturo sacó la invitación, ya doblada en las esquinas.

—Estuve a punto de tirarla. Después comprendí que no recordaba la última vez que hice algo porque lo deseaba y no porque fuera lo más razonable. Tú me miraste sin conocer mi historia, sin esperar nada de mí. Quería descubrir quién sería en un lugar donde nadie hubiera decidido de antemano quién debía ser.

Carolina se acercó.

—Sigue siendo una decisión muy extraña.

—Y geográficamente irresponsable.

Ella sonrió.

Arturo la miró como si hiciera una pregunta sin palabras. Carolina respondió acercando sus labios.

El beso fue suave, breve y completamente inesperado.

—Eso no estaba incluido en la invitación —murmuró él.

—Tú tampoco.

Por un instante, todo pareció el comienzo de algo extraordinario.

Pero Arturo regresaría a Querétaro por la mañana y Carolina volvería a Monterrey.

La pregunta ya no era por qué había aparecido.

Era qué pasaría cuando ninguno de los 2 supiera cómo quedarse.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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