PARTE 2 A las 6:10 cinco abogados tocaron mi azotea por la herencia del anciano que enterré con mi sueldo. Su familia contaba millones en la planta 19 mientras yo debía dos meses de alquiler. Me dijeron: “Le llevaste comida unos meses, eso no te convierte en familia”. Yo no firmé los 180.000, puse su cuaderno sobre la mesa y entonces vi lo que había escrito detrás de la f
Daniel no despidió a Lucía.
Ordenó preparar una sala caliente para Mateo y pidió a Rosa, una trabajadora veterana, que se quedara con él.
Esa tarde buscó los archivos de la antigua plataforma.
Miguel Ferrer había trabajado 11 años para la empresa.
Encontró 4 informes de prevención: arneses deteriorados, plataformas con fallos y solicitudes urgentes para sustituir equipos.
Todos habían sido rechazados.
En el último documento aparecía una firma.
Ernesto Llorente.
Pocos días después, Miguel sufrió una caída mientras aseguraba una carga y no volvió a casa.
Daniel llevó los documentos a Lucía.
Ella no lloró.
—Mi padre avisó 4 veces. Después dijeron que había sido culpa suya.
—Yo no sabía nada.
Lucía lo miró con una dureza que le dolió más que cualquier insulto.
—Ese es el problema. Usted dirige esta empresa y decidió vivir sin saber.
Antes de que Daniel pudiera responder, Ernesto abrió la puerta acompañado por Tomás.
Dejó otra carpeta sobre la mesa.
—Perfecto. Así no tendré que repetirlo.
Dentro había registros de 37 cajas desaparecidas durante las últimas semanas.
Todas figuraban asociadas al código de Lucía.
Ernesto la señaló.
—Ahora ya sabes quién tienes delante.
Lucía miró los documentos.
—Mi tarjeta ni siquiera funciona de noche.
Daniel miró primero a ella.
Después a su tío.
Y comprendió que uno de los 2 estaba mintiendo.
Pero si Lucía decía la verdad, aquello ya no sería solamente un robo.
Significaría que alguien había utilizado a la hija de Miguel Ferrer para enterrar por segunda vez la historia de su padre.