PARTE 2 Llamé empapada a las 23:47 con 8 meses de embarazo después de que mi madre me echara. Él llegó sonriendo a evaluar la finca mientras yo sostenía mi vientre, y dijo: ‘Vine a recuperar lo que es mío’. No lloré, cerré la puerta y registré su custodia, sin saber que la habitación cerrada 12 años guardaba una cuna con nuestro nombre.

Chapter 2 / 5

Mateo abrió la puerta y el polvo flotó en el aire como si aquel cuarto hubiera estado conteniendo la respiración.

Dentro había una cuna de madera, una mecedora y cajones llenos de ropa infantil sin estrenar.

—Clara preparó todo esto —dijo él—. Nunca llegó el bebé.

Inés se quedó inmóvil.

Mateo acarició la cuna.

—Quiero que tu hijo use esta habitación.

Durante los días siguientes la limpiaron juntos. Inés cosió cortinas nuevas y Mateo reparó la mecedora. Niebla empezó a dormir frente a la puerta, como si ya vigilara a alguien que aún no había nacido.

Pero en el pueblo comenzaron los rumores.

Algunos decían que el hijo era de Mateo. Otros llamaban oportunista a Inés y aseguraban que se había instalado allí para quedarse con la finca.

Cuando Mateo oyó a 2 mujeres hablar de ella en una farmacia, se volvió.

—Llegó a mi casa bajo una tormenta cuando todo el mundo le había dado la espalda. Si tienen tiempo para juzgarla, utilícenlo en ayudar a alguien.

Aquella noche Inés lloró.

—Nunca nadie me había defendido así.

Mateo no supo responder. Solo le tomó la mano.

Fue entonces cuando ambos entendieron que lo que estaba creciendo entre ellos ya no era simple gratitud.

3 semanas antes de la fecha prevista, un coche viejo apareció por el camino.

Inés reconoció al conductor y perdió el color del rostro.

Era Sergio, el padre biológico del bebé.

Y venía diciendo que quería “recuperar lo que era suyo”.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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Story

Después de 7 años organizándole la vida, me pidió que le buscara esposa y preparé 3 perfiles perfectos mientras me rompía por dentro. Me miró y dijo: ‘Necesito 3 candidatas’. No lloré, dejé mi renuncia y mi tarjeta sobre su escritorio de nogal y salí. Entonces supe que llevaba tiempo sospechando que lo amaba y había quemado la carpeta en la chimenea. PARTE 1 —Ya no tendrá que pedirme que le encuentre esposa, señor Valcárcel. Lucía Navarro dejó un sobre blanco sobre el escritorio de nogal. —Porque desde hoy tampoco tendrá asistente. Alejandro Valcárcel levantó la vista. Durante 7 años, Lucía lo había visto enfrentarse a bancos, ministros, fondos de inversión y consejos de administración sin pestañear. A sus 39 años, el presidente de Valcárcel Inversiones tenía fama de poder cerrar una operación millonaria con 3 llamadas y arruinar una negociación con 1 silencio. Sin embargo, aquella mañana de enero, en la planta 31 de una torre del Paseo de la Castellana, pareció no entender lo que tenía delante. —¿Qué es esto? —Mi renuncia. —Ya veo que es una renuncia. Pregunto por qué. Lucía dejó su tarjeta de acceso junto al sobre. —Ayer me pidió que le buscara esposa. Alejandro se apoyó lentamente en el respaldo. 24 horas antes había dicho aquello con la misma frialdad con la que encargaba un informe. —Necesito 3 candidatas. —¿Candidatas para qué? —Para casarme. Lucía creyó que bromeaba. Alejandro nunca bromeaba. Su madre, Mercedes Valcárcel, llevaba meses presionándolo. La familia necesitaba una imagen más estable después de una delicada operación bursátil, el apellido llevaba generaciones ligado a negocios y patrimonio, y Mercedes quería un nieto antes de cumplir 70 años. Alejandro hizo lo que siempre hacía cuando una emoción lo incomodaba. La convirtió en un problema administrativo. Y se la entregó a Lucía. Ella preparó 3 perfiles: una abogada de una familia madrileña conocida, una empresaria catalana y la hija de un importante constructor sevillano. Mujeres inteligentes, elegantes, discretas. Perfectas sobre el papel. Con cada página, Lucía sintió que se rompía un poco más. Porque ella sabía que Alejandro tomaba el café con 1 cucharadita de azúcar aunque aseguraba beberlo solo. Sabía que cancelaba cualquier reunión el 8 de octubre porque era el cumpleaños de su padre fallecido. Sabía reconocer cuándo estaba preocupado por la forma en que aflojaba el nudo de la corbata. Y también sabía que llevaba años cometiendo el error más doloroso de su vida: amar al hombre que confiaba tanto en ella que le había encargado elegir a otra mujer. Alejandro rodeó el escritorio. —Te duplico el sueldo. Lucía sonrió con tristeza. —Eso confirma que hago bien en marcharme. —¿Te ha contratado alguien? —No. —Entonces dime qué quieres. —Precisamente ese es el problema. Usted cree que todo el mundo quiere algo que pueda comprar. Cogió su abrigo. Alejandro miró la carpeta con las 3 mujeres. —Ayer te pregunté qué clase de esposa necesito. —Sí. —¿Encontraste la respuesta? Lucía puso la mano sobre la puerta. —Necesita una mujer capaz de estar a su lado sin desaparecer dentro de su vida. Por primera vez, Alejandro dejó de parecer el hombre más poderoso de Madrid. La observó en silencio. Luego preguntó: —Lucía… ¿desde cuándo estás enamorada de mí? Ella se quedó inmóvil. Y lo peor no fue que hubiera descubierto su secreto. Fue la forma en que lo preguntó. Como si llevara mucho tiempo sospechándolo. ———————————————- Esta es una historia ficticia con fines de entretenimiento. He dejado la Parte 2 en el primer comentario fijado.