PARTE 2 Llamé empapada a las 23:47 con 8 meses de embarazo después de que mi madre me echara. Él llegó sonriendo a evaluar la finca mientras yo sostenía mi vientre, y dijo: ‘Vine a recuperar lo que es mío’. No lloré, cerré la puerta y registré su custodia, sin saber que la habitación cerrada 12 años guardaba una cuna con nuestro nombre.
Mateo abrió la puerta y el polvo flotó en el aire como si aquel cuarto hubiera estado conteniendo la respiración.
Dentro había una cuna de madera, una mecedora y cajones llenos de ropa infantil sin estrenar.
—Clara preparó todo esto —dijo él—. Nunca llegó el bebé.
Inés se quedó inmóvil.
Mateo acarició la cuna.
—Quiero que tu hijo use esta habitación.
Durante los días siguientes la limpiaron juntos. Inés cosió cortinas nuevas y Mateo reparó la mecedora. Niebla empezó a dormir frente a la puerta, como si ya vigilara a alguien que aún no había nacido.
Pero en el pueblo comenzaron los rumores.
Algunos decían que el hijo era de Mateo. Otros llamaban oportunista a Inés y aseguraban que se había instalado allí para quedarse con la finca.
Cuando Mateo oyó a 2 mujeres hablar de ella en una farmacia, se volvió.
—Llegó a mi casa bajo una tormenta cuando todo el mundo le había dado la espalda. Si tienen tiempo para juzgarla, utilícenlo en ayudar a alguien.
Aquella noche Inés lloró.
—Nunca nadie me había defendido así.
Mateo no supo responder. Solo le tomó la mano.
Fue entonces cuando ambos entendieron que lo que estaba creciendo entre ellos ya no era simple gratitud.
3 semanas antes de la fecha prevista, un coche viejo apareció por el camino.
Inés reconoció al conductor y perdió el color del rostro.
Era Sergio, el padre biológico del bebé.
Y venía diciendo que quería “recuperar lo que era suyo”.