PARTE 1 La noche de mi boda desperté a las 2:17, mi esposa no estaba y vi su silueta entrando en el cuarto de mi padre. Al día siguiente la llamó ‘la nueva hija’ mientras ella lavaba una mancha. Me amenazó: “Si tu madre se entera y le pasa algo por la tensión, será culpa tuya”, no lloré, grabé y guardé el contrato de 74.000 con la firma falsa materna.

Chapter 1 / 5

La noche de su boda, Álvaro Serrano vio una silueta femenina entrar en el dormitorio de su padre y durante 6 minutos estuvo convencido de que era su propia esposa.

Álvaro tenía 34 años y trabajaba como técnico de maquinaria agrícola cerca de Valladolid. Lucía Martín, de 30, era profesora de primaria. Tras 4 años juntos, se casaron en septiembre en la finca familiar de los Serrano, cerca de Medina del Campo.

Su padre, Esteban, de 63 años, había pasado de reparar tractores a dirigir un pequeño negocio de alquiler de maquinaria. Autoritario y orgulloso, repetía siempre:

—Los problemas de casa se quedan en casa.

Su madre, Carmen, de 60 años, administraba el hogar y pequeñas cuentas del negocio. Tenía la tensión delicada, algo que Esteban utilizaba para exigir que nadie le diera disgustos.

La celebración terminó pasada la medianoche.

Cuando Álvaro y Lucía se encerraron por fin en su habitación, ella se cambió de ropa y le explicó, incómoda, que le había venido el periodo antes de lo esperado. Álvaro no le dio importancia. Le preparó una bolsa de agua caliente, hablaron un rato y acabaron dormidos.

A las 2:17, Álvaro despertó.

El lado de Lucía estaba vacío.

Se incorporó pensando que habría ido al baño. Entonces escuchó el chirrido de una puerta en el pasillo.

Venía del dormitorio de Esteban.

Sus padres llevaban casi 3 años durmiendo separados. Esteban aseguraba que los ronquidos de Carmen y sus llamadas de trabajo nocturnas hacían imposible compartir habitación.

Álvaro caminó descalzo hasta el pasillo.

La puerta estaba entornada.

Por la rendija distinguió una mujer de cabello oscuro y largo, de figura parecida a Lucía. Después oyó un murmullo.

Sintió que se le vaciaba el cuerpo.

Regresó a su cuarto sin abrir la puerta.

5 minutos después, Lucía entró desde la zona de lavandería con una prenda húmeda en la mano.

—La he lavado porque se había manchado.

Álvaro la miró como si estuviera viendo a una desconocida.

—¿Has entrado en la habitación de mi padre?

Lucía se quedó inmóvil.

—¿Qué clase de pregunta es esa?

Él dijo que nada.

Pero durmió de espaldas.

A la mañana siguiente, Esteban desayunó con absoluta normalidad, haciendo bromas y llamando a Lucía “la nueva hija de la casa”.

Horas después, mientras recogían las mesas del convite, Mateo, hermano menor de Esteban, se acercó a Álvaro.

—¿Anoche viste algo en el pasillo?

Álvaro levantó la cabeza.

—¿Por qué lo preguntas?

Mateo miró hacia su hermano.

—Porque esa puerta lleva abriéndose de madrugada muchos meses.

Álvaro sintió un golpe seco en el pecho.

Aquella noche decidió comprobarlo.

Lucía dormía a su lado cuando, poco después de la 1:00, oyó abrirse la entrada lateral.

Después sonó la puerta trasera del dormitorio de Esteban.

Esta vez no había ninguna duda.

La mujer no podía ser Lucía.

Álvaro avanzó por el pasillo, empujó la puerta y se quedó sin aire.

Delante de su padre estaba Nuria Salcedo, una viuda de 47 años a la que Carmen llevaba años ayudando con comida y encargos de costura.

Esteban no mostró vergüenza.

Solo furia.

—Cierra la puerta y no digas una palabra.

Y lo que añadió después fue todavía peor.

—Si tu madre se entera y le pasa algo por la tensión, será culpa tuya.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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Después de 7 años organizándole la vida, me pidió que le buscara esposa y preparé 3 perfiles perfectos mientras me rompía por dentro. Me miró y dijo: ‘Necesito 3 candidatas’. No lloré, dejé mi renuncia y mi tarjeta sobre su escritorio de nogal y salí. Entonces supe que llevaba tiempo sospechando que lo amaba y había quemado la carpeta en la chimenea. PARTE 1 —Ya no tendrá que pedirme que le encuentre esposa, señor Valcárcel. Lucía Navarro dejó un sobre blanco sobre el escritorio de nogal. —Porque desde hoy tampoco tendrá asistente. Alejandro Valcárcel levantó la vista. Durante 7 años, Lucía lo había visto enfrentarse a bancos, ministros, fondos de inversión y consejos de administración sin pestañear. A sus 39 años, el presidente de Valcárcel Inversiones tenía fama de poder cerrar una operación millonaria con 3 llamadas y arruinar una negociación con 1 silencio. Sin embargo, aquella mañana de enero, en la planta 31 de una torre del Paseo de la Castellana, pareció no entender lo que tenía delante. —¿Qué es esto? —Mi renuncia. —Ya veo que es una renuncia. Pregunto por qué. Lucía dejó su tarjeta de acceso junto al sobre. —Ayer me pidió que le buscara esposa. Alejandro se apoyó lentamente en el respaldo. 24 horas antes había dicho aquello con la misma frialdad con la que encargaba un informe. —Necesito 3 candidatas. —¿Candidatas para qué? —Para casarme. Lucía creyó que bromeaba. Alejandro nunca bromeaba. Su madre, Mercedes Valcárcel, llevaba meses presionándolo. La familia necesitaba una imagen más estable después de una delicada operación bursátil, el apellido llevaba generaciones ligado a negocios y patrimonio, y Mercedes quería un nieto antes de cumplir 70 años. Alejandro hizo lo que siempre hacía cuando una emoción lo incomodaba. La convirtió en un problema administrativo. Y se la entregó a Lucía. Ella preparó 3 perfiles: una abogada de una familia madrileña conocida, una empresaria catalana y la hija de un importante constructor sevillano. Mujeres inteligentes, elegantes, discretas. Perfectas sobre el papel. Con cada página, Lucía sintió que se rompía un poco más. Porque ella sabía que Alejandro tomaba el café con 1 cucharadita de azúcar aunque aseguraba beberlo solo. Sabía que cancelaba cualquier reunión el 8 de octubre porque era el cumpleaños de su padre fallecido. Sabía reconocer cuándo estaba preocupado por la forma en que aflojaba el nudo de la corbata. Y también sabía que llevaba años cometiendo el error más doloroso de su vida: amar al hombre que confiaba tanto en ella que le había encargado elegir a otra mujer. Alejandro rodeó el escritorio. —Te duplico el sueldo. Lucía sonrió con tristeza. —Eso confirma que hago bien en marcharme. —¿Te ha contratado alguien? —No. —Entonces dime qué quieres. —Precisamente ese es el problema. Usted cree que todo el mundo quiere algo que pueda comprar. Cogió su abrigo. Alejandro miró la carpeta con las 3 mujeres. —Ayer te pregunté qué clase de esposa necesito. —Sí. —¿Encontraste la respuesta? Lucía puso la mano sobre la puerta. —Necesita una mujer capaz de estar a su lado sin desaparecer dentro de su vida. Por primera vez, Alejandro dejó de parecer el hombre más poderoso de Madrid. La observó en silencio. Luego preguntó: —Lucía… ¿desde cuándo estás enamorada de mí? Ella se quedó inmóvil. Y lo peor no fue que hubiera descubierto su secreto. Fue la forma en que lo preguntó. Como si llevara mucho tiempo sospechándolo. ———————————————- Esta es una historia ficticia con fines de entretenimiento. He dejado la Parte 2 en el primer comentario fijado.