PARTE 2 Frené en una carretera de Cuenca y recogí a un anciano abandonado con una bolsa vacía. Su hija lo dejó allí mientras vaciaba sus cuentas y me soltó: “Tú viste a un viejo con dinero y te convertiste en su hijo.” No discutí, lo llevé al notario y guardé su vídeo y la caja metálica bajo la losa azul.
Mateo creyó que hablaba desde la confusión, pero Leandro recordó el nombre de un notario, una pedanía de Teruel y una pista forestal que aparecía exactamente donde dijo.
Los 3 viajaron hasta allí.
Al final del camino encontraron una antigua casa de labor y un almacén cerrado. Bajo una losa marcada con pintura azul había una caja metálica, documentos de propiedad, monedas, joyas de Celia y sobres con efectivo.
Irene retrocedió.
—No podemos tocar esto.
—Por eso os lo confío —respondió Leandro—. Porque sois los primeros que han dicho que no.
Mateo se negó a aceptar nada sin garantías. Contactaron con una abogada de Alcañiz, que exigió evaluación médica, notario y testigos. En uno de sus periodos de lucidez, Leandro explicó lo ocurrido y ordenó legalmente sus asuntos dentro de lo permitido.
No buscaba castigar a su hija.
Quería impedir que volviera a decidir por él.
Durante 5 meses vivió en la finca, acompañado por Mateo e Irene. Algunas mañanas olvidaba el año. Nunca olvidaba sus nombres.
Una noche de febrero se quedó dormido en un sillón junto a la chimenea y ya no despertó.
3 semanas después, Beatriz apareció con su marido y 2 abogados.
—Tú lo aislaste para quedarte con su dinero.
Mateo respondió:
—Yo lo recogí después de que alguien lo dejara tirado.
Beatriz sonrió.
—Voy a demostrar que manipulaste a un anciano enfermo.
La abogada de Leandro abrió una carpeta.
—Perfecto. Porque él dejó grabado quién lo abandonó.