En el santuario Horse Creek Stable, en Georgia, vive Tricycle
En el santuario Horse Creek Stable, en Georgia, vive Tricycle. Un golden retriever con tres patas y un corazón que no le falta nada. Fue atropellado. Nadie lo adoptaba. Hasta que llegó al lugar donde los animales con historias difíciles encuentran paz. 
Desde hace años, Tricycle convive con alpacas, llamas, caballos y otros perros. Y cuando alguno muere… él llora.

Lo descubrieron cuando falleció Major, una perrita maltratada. Al día siguiente, Tricycle estaba acostado sobre su tumba. Y lo ha hecho desde entonces. Con cada amigo que parte, él se despide. Se queda junto a la tierra. A veces, por días.
“Pasa el día acostado en la tumba hasta que entra por la noche”, cuenta Lester Aradi, fundador del santuario.
Las tumbas se marcan con piedras. O se plantan árboles frutales. Para que el ciclo de la vida continúe. Y los niños recojan frutos donde antes hubo dolor.
Tricycle no solo llora. También acompaña. Visita escuelas, hospitales y hogares de ancianos. Lleva consuelo. Como si supiera que el amor también se comparte en servicio.
Hoy tiene un nuevo amigo: Romeo, otro perro de tres patas. Y es protagonista de un libro que ayuda a sostener el santuario. Porque su historia no solo conmueve. También transforma.
Tricycle sigue llorando a sus amigos. Pero también celebra la vida. Con cada paso. Con cada visita. Con cada despedida. 