Papá con el cuerpo completamente cubierto de tatuajes decide transformar su apariencia — y esta es la razón

Papá australiano con el cuerpo lleno de tatuajes decide transformar su apariencia — y esta es la razón

Ethan “ModBoy” Bramble, un joven australiano de 24 años y padre de familia, ha llevado su cuerpo al extremo con más de 200 tatuajes y decenas de modificaciones corporales. A lo largo de los años, se ha sometido a más de 40 procedimientos, incluyendo intervenciones quirúrgicas para cambiar por completo su aspecto físico.

De hecho, Bramble tenía solo 11 años cuando realizó su primera modificación corporal, en la cual se estiró las orejas. Con el tiempo, siguieron procedimientos aún más extremos, como partirse la lengua y quitarse el ombligo.

“Tengo 21 años, 40 modificaciones corporales, 150 tatuajes. ¿Y tú?”, dice en uno de sus videos virales.

Aunque los tatuajes son, para muchos, una forma legítima de expresión personal, Bramble llegó a un punto en el que empezó a sentir remordimiento por algunas de sus decisiones… pero para entonces, ya era demasiado tarde: su cuerpo estaba completamente cubierto de tinta.

En total, sus tatuajes y modificaciones le han costado cerca de 60,000 dólares australianos (aproximadamente 39,000 USD).


“No es solo arrepentimiento… también es cómo me perciben los demás”

En una entrevista para la serie No Filter del canal LadBibleTV, Bramble se sinceró:

“Supongo que podría decir que me arrepiento de algunos tatuajes. Pero no es solo arrepentimiento. Hay una diferencia entre arrepentirte y querer que te perciban de otra manera.”

También compartió lo difícil que es salir con su hija y notar cómo las personas lo miran con juicio. Dice que puede sentir esas miradas, especialmente cuando va acompañado de su pequeña.

“La cara es algo muy delicado. Puede traer muchos problemas… no para todos, pero sí para muchos. Y no me gustaría que mi hija tuviera que lidiar con eso, al menos no hasta que fuera más grande.”

“Ojalá no me hubiera tatuado la cara de forma tan extrema.”


“Estoy limpiando el lienzo”

Desde hace un año, Bramble ha estado sometiéndose a tratamientos con láser para eliminar los tatuajes de su rostro. Aunque el proceso es lento y doloroso, está comprometido con el cambio.

“Llevo casi 12 meses con el láser… lo hacemos por secciones. Pero probablemente ya me lo han hecho en toda la cara unas seis o siete veces.”

Explicó que la ansiedad fue una de las razones principales para comenzar la eliminación de tatuajes:

“Empecé por la ansiedad que me generaba… lo mental es algo difícil de definir, pero quiero creer que gran parte de esa ansiedad venía de tener la cara completamente tatuada.”

Y aunque todavía está orgulloso de muchas partes de su transformación, también ha cambiado su mentalidad:

“Estoy contento con cómo me veo, pero también estoy feliz con la idea de que, en los próximos dos años, mis tatuajes faciales van a ir desapareciendo poco a poco. Estoy limpiando el lienzo.”

New articles

Los médicos dijeron que al hijo del magnate le quedaban apenas 3 meses… pero una verdad que la empleada había callado cambió el destino de toda la familia.  PARTE 1  A sus 6 años, Emiliano Villarreal ya conocía el olor de los hospitales mejor que el de los parques.  Hijo único de Rafael Villarreal, uno de los empresarios más poderosos de Monterrey, el niño había sido diagnosticado con un tumor agresivo que ocupaba casi todo su hígado. La quimioterapia había logrado frenar algunas lesiones, pero el órgano estaba demasiado dañado.  Los médicos fueron claros: sin un trasplante urgente, Emiliano tendría alrededor de 3 meses de vida.  Rafael ofreció dinero, contactos, aviones privados y tratamientos en cualquier país. Nada podía fabricar un donante compatible. Su esposa, Mariana, había muerto durante el parto, y los parientes cercanos que se hicieron estudios no eran aptos.  La única persona que nunca se separó del niño fue Jacinta Cruz, la empleada doméstica que había llegado a la casa cuando Emiliano tenía apenas 4 meses.  Jacinta no era enfermera ni doctora. Había nacido en un pueblo de San Luis Potosí, hablaba con suavidad y tenía esa costumbre de persignarse antes de cada consulta. Le preparaba caldo cuando no podía comer, le contaba leyendas para que durmiera y sabía distinguir su dolor por la forma en que apretaba los labios.  Desde los 3 años, Emiliano la llamaba “mamá Jaci”.  A Rafael le incomodó al principio. Sentía que ese nombre pertenecía a Mariana. Pero terminó aceptándolo porque, cuando el niño despertaba con fiebre o miedo, no gritaba por él.  Gritaba por Jacinta.  Semanas antes del plazo que habían dado los médicos, Emiliano pidió celebrar su cumpleaños adelantado. Quería globos morados, un pastel de chocolate y una banda norteña “aunque fuera bajito, para que no regañaran los doctores”.  La fiesta se hizo en el salón privado del hospital. Hubo sombreros de papel, dibujos de sus compañeros y una piñata pequeña que nadie se atrevió a romper.  Mientras Jacinta le daba una cucharada de pastel, Emiliano la miró fijamente.  —Mamá Jaci, ¿me voy a morir antes de aprender a andar en bici?  La mujer sintió que algo se le rompía por dentro.  Rafael escuchó desde la puerta y se cubrió el rostro. Todo su dinero no servía para responder esa pregunta.  Esa madrugada, Jacinta abrió la computadora vieja de la cocina y buscó durante horas. Leyó estudios, requisitos, riesgos y listas de espera. Después tomó una decisión sin pedir permiso.  3 días más tarde, recibió una llamada de una clínica.  Jacinta era compatible.  Pero cuando llevó los resultados al hospital, Rafael le arrebató el sobre de las manos y dijo una frase que dejó a todos helados:  —Prefiero perder a mi hijo antes que permitir que una empleada destruya nuestra familia. ———————————————- ❤️GRACIAS POR TOMARTE EL TIEMPO DE LEER ESTA PARTE DE LA HISTORIA 🙏📖 ESTA ES SOLO LA PRIMERA PARTE; LA CONTINUACIÓN Y EL FINAL YA FUERON PUBLICADOS EN LOS COMENTARIOS 👇 SI NO LOS VES, HAZ CLIC EN “VER TODOS LOS COMENTARIOS” Y BÚSCALOS PARA LEERLOS 💬✨

Los médicos dijeron que al hijo del magnate le quedaban apenas 3 meses… pero una verdad que la empleada había callado cambió el destino de toda la familia. PARTE 1 A sus 6 años, Emiliano Villarreal ya conocía el olor de los hospitales mejor que el de los parques. Hijo único de Rafael Villarreal, uno de los empresarios más poderosos de Monterrey, el niño había sido diagnosticado con un tumor agresivo que ocupaba casi todo su hígado. La quimioterapia había logrado frenar algunas lesiones, pero el órgano estaba demasiado dañado. Los médicos fueron claros: sin un trasplante urgente, Emiliano tendría alrededor de 3 meses de vida. Rafael ofreció dinero, contactos, aviones privados y tratamientos en cualquier país. Nada podía fabricar un donante compatible. Su esposa, Mariana, había muerto durante el parto, y los parientes cercanos que se hicieron estudios no eran aptos. La única persona que nunca se separó del niño fue Jacinta Cruz, la empleada doméstica que había llegado a la casa cuando Emiliano tenía apenas 4 meses. Jacinta no era enfermera ni doctora. Había nacido en un pueblo de San Luis Potosí, hablaba con suavidad y tenía esa costumbre de persignarse antes de cada consulta. Le preparaba caldo cuando no podía comer, le contaba leyendas para que durmiera y sabía distinguir su dolor por la forma en que apretaba los labios. Desde los 3 años, Emiliano la llamaba “mamá Jaci”. A Rafael le incomodó al principio. Sentía que ese nombre pertenecía a Mariana. Pero terminó aceptándolo porque, cuando el niño despertaba con fiebre o miedo, no gritaba por él. Gritaba por Jacinta. Semanas antes del plazo que habían dado los médicos, Emiliano pidió celebrar su cumpleaños adelantado. Quería globos morados, un pastel de chocolate y una banda norteña “aunque fuera bajito, para que no regañaran los doctores”. La fiesta se hizo en el salón privado del hospital. Hubo sombreros de papel, dibujos de sus compañeros y una piñata pequeña que nadie se atrevió a romper. Mientras Jacinta le daba una cucharada de pastel, Emiliano la miró fijamente. —Mamá Jaci, ¿me voy a morir antes de aprender a andar en bici? La mujer sintió que algo se le rompía por dentro. Rafael escuchó desde la puerta y se cubrió el rostro. Todo su dinero no servía para responder esa pregunta. Esa madrugada, Jacinta abrió la computadora vieja de la cocina y buscó durante horas. Leyó estudios, requisitos, riesgos y listas de espera. Después tomó una decisión sin pedir permiso. 3 días más tarde, recibió una llamada de una clínica. Jacinta era compatible. Pero cuando llevó los resultados al hospital, Rafael le arrebató el sobre de las manos y dijo una frase que dejó a todos helados: —Prefiero perder a mi hijo antes que permitir que una empleada destruya nuestra familia. ———————————————- ❤️GRACIAS POR TOMARTE EL TIEMPO DE LEER ESTA PARTE DE LA HISTORIA 🙏📖 ESTA ES SOLO LA PRIMERA PARTE; LA CONTINUACIÓN Y EL FINAL YA FUERON PUBLICADOS EN LOS COMENTARIOS 👇 SI NO LOS VES, HAZ CLIC EN “VER TODOS LOS COMENTARIOS” Y BÚSCALOS PARA LEERLOS 💬✨

PARTE 1 A sus 6 años, Emiliano Villarreal ya conocía el olor de los hospitales mejor que el de los…

25/07/2026 15:24