Mi marido terminó el divorcio, se fue a vivir con su nueva esposa y dejó conmigo a su madre paralizada, seguro de que yo nunca me atrevería a abandonarla. “Tú no tienes a dónde ir, así que esto nos conviene a todos”, dijo. Yo solo sonreí, esperé hasta que se marchó y marqué un número. Al día siguiente, frente a varios testigos, entendió que había cometido dos errores: subestimarme y olvidar quién pagó aquella casa.
PARTE 1 —Puedes seguir viviendo en esta casa después del divorcio, Lucía… pero a cambio te quedas cuidando a mi…