Mi esposo esperó hasta después de la boda para mostrar quién era realmente: llegó borracho, lanzó un vaso al suelo y trató de golpearme mientras decía: “Nadie te va a defender aquí”. Se equivocó. Me defendí y terminó esa noche en urgencias, rodeado por sus padres furiosos. Yo solo recogí mis cosas con calma, hasta que mi suegra mencionó el terreno de mi madre y entendí que aquello nunca había sido solo una pelea matrimonial.
PARTE 1 —Aquí las mujeres no necesitan tener dinero propio. Lo que recibiste en la boda se lo vas a…