Mi nieta me tomó del brazo mientras todos cantaban y dijo bajito: “Abuelo, después del pastel van a hacerte firmar para quedarse con tu casa y tu dinero”. Yo solo respondí: “Déjalos hablar”. Esa misma noche llamé a un abogado y preparé mis propios documentos. Pero cuando mi hijo abrió su carpeta, saqué una prueba de 150.000 pesos que hizo palidecer a toda la familia.
PARTE 1 —En cuanto mi papá apague las velas, le ponemos los papeles enfrente. Hoy está contento y no nos…